Camino de Santiago, Xacobeo 2010

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No sabía qué hacer estas vacaciones y se me ocurrió hacer el Camino de Santiago. Era de esas cosas que siempre había querido hacer... Disfrutar de los paisajes gallegos, tierra que no conocía; estar en contacto con la naturaleza e imponerme un reto. Claro, que sabía lo que iba a pasar: Cuando lo propones  la primera reacción siempre es positiva, pero a la postre van abandonando el barco paulatinamente. Me pareció razonable postergar el viaje cuando me comentaron que este año era Xacobeo y que los albergues iban a estar colapsados, pero luego pensé que precisamente toda esa gente iba a disfrutar de mis vacaciones sin tener en cuenta ese prejuicio.
 
No me lo pensé dos veces. No importaba que nadie quisiera venirse conmigo, cogí la credencial en la Asociación Alcarreña de Amigos del Camino de Santiago, saqué el billete de tren y me planté en Sarria. No iba a hacer el camino sóla, si no  con cientos de peregrinos.
 
A lo largo del viaje escribí un diario que pretendías transcribir aquí. Puede que un día lo haga pero hoy no me apetece nada.
 
Sólo diré que fue una experiencia increíble: Mientras caminas todo desaparece, no existen problemas, ni prejuicios, no importa lo que poseas, ni cuál sea tu ideología, ni tu apariencia física. De alguna manera, sólo existe el camino, y ante él todos somos iguales porque tenemos la misma meta. Creo que durate esos días, del 7 al 12 de julio, encontré la paz.
 
Desde Sarria se supone que hay 116 kilómetros hasta Santiago de Compostela y cinco etapas:
 
Sarria-Portomarín: 24 Km.
Portomarín-Palas de Rei: 25 km
Palas de Rei-Arzúa: 30 km
Arzúa-Pedrouza: 20 km (Nosotros la alargamos unos kilómetros para quedar más cerca de Santiago y caminamos hasta La Vacolla: No fue una buena idea)
Pedrouza- Satiago: 20 km
 
Mi comprensión del camino pasó por tres fases: La primera se me descubrió nada más empezar el viaje. Se trata de LAS MENTIRAS DEL CAMINO. El camino francés está señalizado con flechas amarillas y a lo largo del mismo encuentras distintos mojones que indican la distancia restante hasta Santiago. Encuentras puntos kilométricos que se repiten, distancias inverosímiles y confusas que se enredan todavía más cuando paras a descansar en un bar y preguntas al camarero la frase que más vas a escuchar los siguientes días: ¿Cuánto queda hasta...? Y te responden: Hasta... unos 8 kilómetros. Entonces piensas que no te queda nada y cuando llevas una hora más de camino, que en kilómetros serían unos 6, más o menos, vuelves a preguntar y resulta que según los cálculos galeicos, sólo has caminado dos. Entonces alcanzas esa certeza de los tópicos que hablan de la ambigüedad de los gallegos. Cuando te han dado gato por liebre te vuelves más perspicaz y ante la respuesta, pides sinceridad. Entonces los nativos, acostumbrados al contínuo deambular de los peregrinos, te explican que se han acostumbrado a acortar distancias para no desanimar a los caminantes, pero ello no te asegura una información certera. Uno de ellos me contó que los mojones dependían de los distintos ayuntamientos, y que por lo tanto no eran falsos, si no relativos. Por mi parte, seguí caminando sin llegar a entender la lógica de estas indicaciones y lo único que sabía es que el final de cada etapa sería muy largo.
 
La segunda fase de mi viaje no llegaría hasta la tercera etapa: Los 30 kilómetros, supuestamente, que distan desde Palas de Rei hasta Arzúa: LOS DOLORES DEL CAMINO. Es la etapa más dura y en ella comenzaron  a hacer su aparición las primeras molestias del caminante. Se me instaló un dolor en la rodilla derecha y tenía una falsa sensación de llevar piedras en la bota, que no resultó ser otra cosa que una gran ampolla en la planta del pie. A los dolores del camino se sumaron las mentiras, y es que cuando crees haber llegado al límite y valoras que puedes estirar unas fuerzas que no tienes los tres kilómetros que dicen, quedan hasta Arzúa, andados cuatro, preguntas y te dicen que todavía quedan otros tres. No podía hacer otra cosa que un alto en el camino para comer algo y tomar un refigerio, pero esos tres kilómetros se harían eternos. La siguiente etapa, hasta La Vacolla (15 km. más de la etapa normal), terminaría la faena. Tienes la sensación de ser incapaz de seguir caminando pero mientras tanto vas dejando tus pasos atrás como si una fuerza te obligara a andar: Tienes que llega y no hay otra opción.
 
Hay una frase que los peregrinos repiten varias veces: "Sin dolor no hay gloria". El colofón de este viaje vino de la mano de LOS MILAGROS DEL CAMINO. Entre las muchas conversaciones de andariegas que mantuve con Carmen, mi compañera de camino, le comentaba que hay gente que tiene una predisposición especial a las cosas buenas y que de alguna manera atraen la suerte. Llegué a Sarria con muchas incertidumbres, sin nada preparado y con una sóla certeza: caminar. Justo una parada antes, en Monforte, conocía a Carmen, y a sus cuñadas, Lili y Ali. Habían hecho reserva de todos los albergues para cuatro personas, pero su hermano, finalmente, no pudo hacer el camino. De esta manera se convertirían en mis compañeras de viaje, de las que no me separarías hasta el final. A este milagro, les seguirían otros.
 
La segunda etapa estuvo marcada por la lluvia. Habíamos decidido dejar la mochila para que nos la llevaran al siguiente albergue. La mañana prometía mucho calor, pero lo que hacía era el bochorno previo a una tormenta. Andubimos cuatro kilómetros en la oscuridad de  la noche burlada intermitentemente por unos nada tranquilizantes relámpagos, bajo una lluvia atroz  que desencadenó en granizo y sin chuvasquero, ya que se había quedado en la mochila. Sólo Carmen, que apostó por hacer todo el trayecto cargando con la mochila, consiguió zafarse en algún grado de la tormenta. Hice una entrada estelar en nuestra primera parada para desayunar, totalmente empapada y bendiciendo lo poco que pudo salvarme mi gorra. Unos andaluces aprovecharon mi deplorable estado para hacer algunos chascarrillos a mi costa, para finalmente compadecerse un poco de mi desgracia. Antonio, que así se llamaba el graciosillo andaluz, me ofreció una camiseta, que a sabiendas del guardarropa que llevamos los peregrinos, decidí rechazar... No sé por qué gracia del destino Antonio llevaba una bolsa enorme de basura en la mochila que me hizo las veces de chuvasquero y cortó el aire impidiendo que ese día cogiera una pulmonía. Nos lo encontraríamos varias veces más a lo largo del día.
 
En La Vacollada conocimos a Ana. Llevaba andando más de mes y medio desde Francia (más de 1.500 km). Nació en Andalucía pero se marchó al país galo cuando apenas contaba cuatro años. Decía que su marido es frances, al igual que sus hijos, que ella llevaba toda la vida viviendo en el país vecino, pero que lo que le removía las tripas era España. Alargamos una cerveza conversando con ella y cuando nos despedimos le prometí que en Santiago, cuando hubiesemos conseguido la Compostela, le iba a dar un abrazo... Lo dije con toda la certeza, pero ese domingo a la capital gallega llegarían cientos y cientos de peregrinos y otros tantos turistas. Cuál fue mi sorpresa cuando una vez recogida la Compostela me di la vuelta y allí estaba Ana. Esperé a que firmara su documento y cumplí una promesa que me supo a esa gloria que prometía el dolor del camino.
 
La última etapa la recorrí en soledad. Me dio mucha pena separarme de mis compañeras, que decidirían concluir el camino el 10 por la tarde en lugar de descansar en "La Vacolla", pero no hay nada absolutamente negativo, y ese estado solitario me hizo saborear al máximo mis últimos pasos hasta Santiago. Me entristecía, no obstante, no compartir con mis compañeros de camino esos momentos previos antes de acceder a la Plaza del Obradoiro. Dejé la mochila en el albergue y al volver a retomar el camino, cuál fue mi sorpresa cuando me encontré con Javi y Rocío, los de Ávila, con los que comenzamos el camino sin saberlo. Habíamos coincidido en la cafetería de la estación de trenes en Sarria y a lo largo del camino, habíamos compartido algunos buenos momentos. No entré sóla y los abulenses resultaron ser una compañía excepcional.
 
El último milagro se fraguó en el bar "La Liga" unas horas más tarde. Allí nos habíamos dado cita con todos los que habían formado parte de nuestra expedición:La habitación del albergue de Palas de Rei. Tras un partido que nos puso los nervios a flor de piel, España se convertiría en campeona del mundo.
 
EPÍLOGO
Si estáis pensando en emprender este viaje hay algunas cosas que os gustará saber. Es cierto que este año hay una gran afluencia de peregrinos por lo que os recomendaría reservar a priori por lo menos el primer albergue. Una vez allí os podrán facilitar información sobre otros albergues en el siguiente destino y podéis ir haciendo vuestras reservas con un día de antelación. Todos ellos cuestan 10 euros frente a los 5 de los públicos, y en todos los casos, menos el de Santiago, estaban muy limpios y son bastante completos, aunque es cierto que unos más que otros. 
 
Los albergues públicos este año no son una buena idea. Rocío nos comento que el primer día tuvieron que esperar una cola de dos horas para dormir en uno sin la certeza de si habría plazas para todos. Os recomendaría que reservarais también hostal en Santiago y que os cercioréis que está cerca de la catedral, pero eso implica que tenéis que estar en Santiago ese día...
Mi ránking:
En Portomarín: Albergue Portaferreiro: Muy grande y completo con cocina y utensilios. Sábana desechable. Sólo una habitación muy grande donde comprenderéis los roquidos del camino pero está muy preparado. Muy recomendable.
 
Palas de Rei: Albergue Casa Benito: Es nuevo, es su primer año. Tienen mesón pero en la cocina sólo tienen microondas, algo que disgustó a algunos de los peregrinos. Las habitaciones tienen taquilla pero no son muy espaciosas. Tienen sábanas desechables. También está muy limpio. Mi experiencia fue muy buena. Pasé por el centro de salud del pueblo por una dolencia de tobillo y resultó que el médico que me atendió, Antonio, era el copropietario del albergue. Se portó muy bien conmigo. Se preocupó por mi tobillo y me dio unos apósitos. Gracias a sus consejos el tobillo no me dio ninguna molestia más. Ni siquiera puedo incluirlo dentro de los dolores del camino. Todavía les falta un poco de rodaje, pero fue el lugar donde mejor me lo pasé. Esa tarde cayeron chuzos de punta y antes de que pudieramos reaccionar habían metido los tendederos dentro. Recomendable.
 
Arzúa: Albergue La Fonte. Está en plena ruta del camino dentro del pueblo. Es un albergue muy recogido y el más bonito en el que estuvimos. Las habitaciones son pequeñas, la nuestra tenía justo las cuatro camas, pero las sábanas, aunque limpias, no son desechables. Hay tendederos en todas las habitaciones. Tiene cocina, muy completa. Las responsables no estuvieron casi en todo el día y tuvimos que esperar a que vinieran a cerrar el albergue para reservar el traslado de mochilas que al contrario que en otros albergues, se paga allí pero te tienes que responsabilizar de llamar a la empresa. No hay tanto ambiente de peregrinos pero se descansa bastante bien. Recomendable.
 
La Vacolla: Hostal La Concha. 25 euros habitación doble. Es un hostal. Agradecí poder dormir en una cama y usar toallas limpias. El baño es colectivo pero estaba muy limpio. Los madrileños intentaron reservar habitación y les pidieron 8 euros más, lo que me pareció muy feo. Directamente os diría que os quedarais en Pedrouza, o que hicierais un último esfuerzo de dos kilómetros y durmierais en un precioso alojamiento rural que os lo encontraréis en ruta.
 
Santiago: Albergue Acuario. Hay muchas moscas, es agobiante y el comedor está compartido con el tendedero. No dan sábanas desechables y aunque dicen que está a 15 minutos de la catedral, tener en cuenta que son 3 kilómetros y que 15 minutos tardariais a una marcha muy rápida y pletóricos, no con los pies destrozados del camino. Está al lado de la estación de autobuses, y eso es lo más positivo que se me ocurre. No volvería
 
 
La mochila tiene que ser lo más liviana posible: Tres camisetas (menos no, no da tiempo a secarse), dos pantalones, tres mudas de ropa interior, sudadera, chuvasquero, chanclas (muy importante), botas de treking, pijama, una toalla, saco de dormir, jabón lagarto, cepillo de dientes, peine, desodorante, pasta, esponja y champú-gel (prescindible, el jabón lagarto hace el mismo efecto) linterna y una riñonera, mochila pequeña o similar... Es preferible que en lugar de cantimplora compréis una botella mediana de agua y la llevéis en la riñonera o mochila, pesa mucho menos. Depende del peso que llevéis, pensar en unos 6 u 8 kilos, podéis meter unas deportivas. Hay gente que ha hecho el camino en zapatillas, pero tener en cuenta que si llueve se van a mojar y tardarán bastante en secarse.
 
En el botiquín: esencial algo para las ampollas. Yo me compré una barra que es preventiva y resultó ser una maravilla, pero los compeed para aplicar sobre las ampollas ya formadas es esencial y tiritas. El resto, yo considero que es mejor comprarlo en las farmacias del camino si las dolencias hacen su aparición.
 
A lo largo del camino terminaréis comprando una bara de peregrino, es muy útil para evitar que se carguen demasiado las rodillas.
 
En Decathlon venden un saco de dormir muy pequeño y legero y unas toallas que apenas pesan nada y son bastante funcionales... es un consejo...
 
Las comidas: A lo largo del camino los menús son muy baratos en reláción cantidad-calidad-precio. Cuestan en torno a los 8 euros y son muy completos para el caminante... carbohidratos, proteinas, etc... Descubrimos que los platos combinados eran muy saciantes y más baratos. Por 4,35 euros comimos un suculento plato de patatas fritas, ensalada y dos filetes de lomo. Los desayunos también resultaron ser muy económicos. Nunca sobrepasaron los 3 euros. Lo más caro que comí fueron 12,5 en Santiago y fue un arroz de marisco que estaba tremendo, ración de pulpo y tarta casera de piña: para chuparse los dedos.
 
Si no os sentis con fuerzas para cargar la mochila podéis contratar el servicio de traslado en cualquier el albergue y por el módico precio de tres euros.
 
Espero que os haya sido útil.
 
 

Comentarios

SOLETE2310 Sáb, 31/07/2010 - 18:34

Imagen de SOLETE2310

Me encanto tu escrito y ha sido un soplo de información muy práctico.Como tú voy a hacer el viaje sin acompañante y aunque tena dudas, no es imposible.
Gracias por la informcion.

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